martes, 21 de agosto de 2012

Opinión de Mónica Arriola: Política, congruencia o simulación…



La verdad se corrompe tanto
con la mentira como con
.
Marco Tulio Cicerón.

La representación política no surge del aplauso pactado o del voto comprado. No se presume con frivolidad, se asume con lealtad y sinceridad. La representación política es obligación y no claudicación, es deber no en el decir sino también en el hacer.

Para empezar a representar la política con dignidad hay que acabar de disimular remedios. Para empezar a entender la raíz del conflicto hay que acabar con la elaboración de diagnósticos que se acomodan según el interés personal. Para empezar a solucionar habrá que terminar con la costumbre de la actitud reactiva antes que la conducta preventiva.

Para representar a la ciudadanía con humildad se necesita más inteligencia y menos negligencia, más cercanía y menos indiferencia. Se necesita honrar la palabra y no empeñarla en la coyuntura para después olvidarla en la emergencia. La representación política es participación y no restricción, es escuchar como ciudadano antes de hablar como . La representación política es interpretación social, es reconocer la exigencia y las necesidades de los 52 millones de pobres en México. La representación política no significa solamente consuelo ante la tragedia, la representación no se argumenta con el perdón, por el contrario se sustenta con el hecho, con la respuesta oportuna, con reformas aprobadas e instituciones responsables.

La representación es vocación, se construye desde la formación como ciudadano y se consolida con educación política. La representación es interlocución e intermediación, es regulación, negociación, discusión, argumentación y legislación. No es dispersión y simulación.

Dejar a la ciudadanía sin voz es cegar a la política. Es pretender que todo se puede arreglar desde arriba cuando en realidad lo que importa son los cimientos. Creer que la política resuelve por sí misma los problemas es pecar de soberbios, es devaluar la opinión pública, es confiar en la percepción como distractor y no en la evaluación política constante como de evolución democrática.

La representación política no se puede sustentar a base de dádivas, debe de otorgar derechos y no tratar de asumir privilegios que no corresponden a nuestra verdadera realidad. Representar es respetar, es dedicar con orgullo lo que por ley se está obligado a hacer. No se trata de asumir posturas extremas con resultados débiles. No se trata solo de tiempos políticos, se trata de razones éticas para no malgastar los momentos con declaraciones que más bien parecen guiones escritos en el pasado.

Representar también es orientar e incentivar a la ciudadanía, es cooperar con ella para gestar políticas públicas congruentes. La representación se gana en las urnas pero se defiende y se reconoce a través del diario, no se legitima solamente desde la comodidad del fuero, se ejerce con la autoridad moral que otorga el compromiso y el resultado.

Nuestro país no puede ser objeto de una representación que le apuesta al error ajeno para el reconocimiento propio. No puede fijarse en la revancha política. Utilizar la tribuna legislativa para alusiones personales cuando la obligación es velar por los intereses .

Representar políticamente es conciliar socialmente. Por eso, existe una con los mexicanos que no han encontrado en sus representantes el órgano efectivo que se preocupa y que se ocupa de atender los reclamos y las exigencias. Por eso, la representación no puede ser simulación, por eso, la urgencia no solo está en el ¿Cómo? sino en el ¿Quién?; por eso para empezar a representar con dignidad, hay que dejar de aparentar lo que por nuestros errores no hemos sido capaces de solucionar…

Gracias, padre.

Diputada del Partido Nueva Alianza

arriolamonica@hotmail.com

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